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Una buena carta de vinos suele ser, en la mayoría de los casos, señal de que nos encontramos en un restaurante con una buena cocina. Es el sumiller la persona que elabora la carta y quien se va a encargar de ofrecer los vinos a los clientes y aconsejarles en caso de que estos tengan dudas sobre el vino que van a elegir.
Si el restaurante se encuentra situado en una región productora de vinos, la selección de vinos de la propia zona debe ser amplia, lo suficiente para satisfacer a los clientes locales o a los foráneos que quieran conocer lo que allí se produce.
La carta, además, se debe confeccionar teniendo en cuenta la oferta gastronómica que caracteriza al local y debe ofrecer datos esenciales como el nombre de la denominación de origen o zona de producción; el nombre del vino y de la bodega; el tipo de vino: blanco, rosado, tinto...; la añada y el precio.
Se puede ordenar de distintas maneras: por denominaciones de origen, por clases de vino (tinto, blanco…), etc. Dentro de cada apartado, los vinos irán de más joven a más viejo. En ocasiones se ofrecen datos sobre la zona, la bodega y las características de cada vino, como información al consumidor.
La carta siempre debe estar compensada y ofrecer vinos de distintas denominaciones de origen, de varios precios, añadas, de forma que se adapte a los gustos y, al bolsillo. En ocasiones, incluso se pueden ofrecer vinos extranjeros.
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